Drogas=Rosario: una multinacional que factura y mueve unos 20 millones de dólares mensuales

General Julio Decima Julio Decima
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El narcotráfico es drogas, marginalidad, ilegalidad, desolación social y cultural y muerte. Muchas veces, de inocentes. Pero fundamentalmente, un gran negocio. El primero dentro de las cinco actividades del crimen organizado; y seguido por la falsificación, el tráfico humano, el tráfico ilegal de petróleo y de vida salvaje (según datos de la Organización para la Cooperación y Desarrollo –OCDE–). Son datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Undoc), que todos los años actualiza la realidad analizando los diferentes aspectos del problema. Incluyendo el de la medición del grado del negocio.

El que, en el caso del narco rosarino en particular, es además, extremadamente rentable. En especial, es su velocidad y facilidad de lavado y blanqueo. Eso es lo que lo sostiene. Los estudiosos del tema, especializados en los movimientos financieros de la actividad narco, afirman que en general y a nivel internacional el nivel de capacidad de introducción de los dineros generados por el narcotráfico hacia el mercado legal, alcanza entre el 10 y el 20%. Y cada vez con mayores dificultades, a partir de regulaciones aplicadas desde la OCDE, que combate con resultados irregulares el lavado de dinero en el mundo. Y a las que Argentina adhirió.

Según la vocería extraoficial de la ciudad santafesina, se afirma que el nivel de lavado y blanqueo del dinero del narco tiene en Rosario una efectividad del 50%. Si se toma como válido el dato (bastante probable) que la actividad ilegal mueve unos 20 millones de dólares mensuales, diez de esos millones ingresarían cada treinta días al mercado legal. Y de los diez que permanecen en la ilegalidad, la mitad pasa al mercado semilegal de las “cuevas” de cambio; con lo que pasan a mezclarse con los dólares de los ahorros de los argentinos. Como se sabe, el dinero es fungible, y el mercado argentino de los dólares cueveros es considerado como parte normal de la vida económica, financiera y cambiaria del país.

Con el tiempo y la costumbre, casi que no terminan distinguiéndose cuáles son los dólares que vienen de la voluntad de alguna familia de ahorrar en divisas, ante el peligro siempre inminente que la inflación destruya ese ahorro, de los que vienen de las actividades ilegales. Como el narcotráfico. Con esta realidad, las cuevas rosarinas y sus sucursales de la City porteña, terminan blanqueando no menos de diez millones de dólares mensuales que provienen del narcotráfico. Poco dinero comparado con los entre cuatro y diez millones diarios que se especula maneja este mercado alternativo. Casi que esos dólares de la actividad ilegal rosarina pasan desapercibidos, ante la masa de billetes no declarados que van y vienen por las cities de Buenos Aires y Rosario.

El lavado de dinero proveniente de la actividad ilegal rosarina tiene, además, una pata fuerte y estructural en dos actividades vinculadas: la construcción y la inmobiliaria. Hoy se hace silencio en los círculos ladrilleros de la ciudad santafesina. Pero hasta sólo unas semanas, era normal escuchar al recorrer el litoral del río Paraná que tal o cual edificio monumental y oneroso, “viene de Los Monos”, o de cualquier otra “familia” narco. Los que en general, denuncian por debajo estas inversiones, son los más importantes competidores legales de esta actividad inmobiliaria narco. Los sojeros santafesinos, que tienen en Rosario su meca exportadora, suelen invertir parte de sus ganancias en edificios levantados a base de cooperativas de productores sanos en su actividad y pagadores de impuestos; con otras menos claras con divisas provenientes de orígenes tan dudosos como poco investigados.

En definitiva, se sabe, la construcción es multiplicadora de actividad económica, con lo que casi estas apuestas de inversiones de pesos y dólares narco, hasta pueden ser considerados como positivas para la vida productiva rosarina. Siempre se habla de tres grandes edificios de la vera paranaense que se los llama por debajo de la mesa “Los Elefantes Blancos de Los Monos”. Por cierto, nunca fueron seriamente investigados los fondos usados para levantar esas estructuras. Pese a las quejas sojeras que apostaban por la construcción, y siempre tienen inspecciones molestas para justificar sobre el origen de los dineros para invertir sanamente en la construcción santafesina, en general, y rosarina en particular.

 Otras actividades también ayudan al lavado. Desde ya los clásicos casinos, hoteles, restaurantes y emprendimientos varios, que facturan millones, pese a que son poco elegidos por los clientes rosarinos y los visitantes que van a conocer a la legendaria Rosario. Otra vez. Son habituales las quejas de los  empresarios sanos que apuestan por la actividad hotelera y gastronómica rosarina, que siempre cumplen con los papeles que las autoridades piden para justificar su facturación, pero ven cómo, sin parroquianos ni locales ni visitantes, algunos emprendimientos curiosos y dignos del primer mundo, facturan más que ellos.

Se sospecha siempre sobre la compra y venta de jugadores, de las inversiones en estructuras deportivas y de algunos presidentes de los dos clubes grandes de la ciudad, que despliegan automóviles notables, indignos de sus actividades anteriores a desembarcar en las cúpulas de las entidades locales. Ni hablar cuando esa inversión dudosa en alguna promesa del inagotable semillero rosarino, pega buena y consigue la venta al exterior a alguno de los grandes clubes mundiales. En ese caso, el bingo es total. Y el lavado majestuoso.

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