
Cada partido de la Selección argentina no solo altera la rutina: también reordena el consumo. Según un informe de Focus Market, el Mundial 2026 puede mover el gasto hacia algunos rubros y dejar a otros en pausa, con impacto directo en ventas, tráfico y actividad comercial.
Durante los 90 minutos de juego, buena parte de la actividad cotidiana se frena. En las horas previas y posteriores, en cambio, ciertos consumos se disparan mientras otros quedan relegados. El patrón se repite torneo tras torneo y responde a una reasignación del presupuesto familiar.
La pantalla concentra la atención
Para dimensionar el fenómeno, el informe recuerda que la final entre Argentina y Francia en Qatar 2022 fue la más vista de la historia, con 1.500 millones de personas en todo el mundo. En la Argentina, el rating combinado de los canales que transmitieron ese partido llegó a 66,1 puntos, con una escalada que empezó en el debut ante Arabia Saudita, cuando marcó 55,5.
De cara a 2026, las proyecciones ubican una eventual final en torno a los 54,6 puntos, por debajo de Qatar. Pero el alcance real podría ser mayor: el torneo podrá seguirse en hasta nueve pantallas distintas entre aire, cable y streaming, lo que fragmenta la medición tradicional y amplía la audiencia total.
Los rubros que más ganan
Entre los sectores favorecidos aparece primero la industria cervecera. De acuerdo con datos de Jefferies citados en el informe, el Mundial suma 1.000 millones de pintas extra al consumo global, un alza del 3% durante las semanas de competencia.
El delivery también capitaliza la fiebre futbolera. Según Picker Radar, los pedidos crecen 148% en la hora previa a cada partido de la Selección, cuando se concentra el mayor movimiento para la gastronomía a domicilio.
La electrónica acompaña ese salto: las ventas de televisores treparon 70% durante junio respecto de los meses anteriores, según referentes del sector consultados por Focus Market. A la vez, la indumentaria deportiva vive uno de sus mejores momentos del año, con la camiseta argentina proyectada como la más vendida del torneo, con 2,7 millones de unidades según EuroAmericas.
El interés también se refleja en lo digital. En Google Trends, “antena digital” y “bandera argentina” alcanzaron el máximo de 100 el 16 de junio, día del debut argentino. Ese mismo día, el tráfico de internet en el país creció 30% frente a una jornada habitual, según datos de Cabase.
Incluso el mercado de coleccionables se mueve con el torneo. Las figuritas del álbum Panini se revalorizan con cada instancia y la de Lionel Messi llegó a cotizar hasta $50.000 en el mercado informal.
Los rubros que quedan al margen
No todos los sectores corren con la misma suerte. El cine, que ya arrastraba una caída del 45% durante la primera semana de 2026, sumó otra baja del 17% en la semana previa al debut de la Selección. El teatro no tiene estadísticas oficiales sobre el impacto, pero el informe señala que varias salas optaron por transmitir los partidos en lugar de sostener sus funciones habituales.
Los supermercados no pierden ventas, pero sí las redistribuyen a lo largo del día: el consumo se adelanta a la mañana y a las horas previas al partido, mientras que las cajas caen a sus mínimos durante el juego.
Un patrón similar se observa en el transporte. Tanto Uber como los remises muestran una curva en U: pico de viajes antes del partido, virtual parálisis durante el encuentro y recuperación inmediata al final.
El comercio electrónico también siente el corrimiento de la atención. Mercado Libre registró, durante la semana del debut argentino, su índice de búsqueda más bajo en doce meses: 61 sobre 100, un 10% por debajo de la semana anterior, según mediciones de Google Trends.
El propio informe aclara que no se trata de un aumento general del consumo, sino de un desplazamiento hacia las categorías que mejor capitalizan el clima de celebración. En un contexto económico desafiante, el Mundial deja ganadores claros y también perdedores que ven caer sus ventas durante las semanas de mayor intensidad futbolera.
Si la Selección avanza hacia las instancias finales, el movimiento podría acercarse a los niveles de Qatar 2022 o incluso superarlos, con impacto directo sobre los sectores que viven del pulso mundialista.













