
La Fiesta de la Confluencia y la leyenda que explica por qué Neuquén existe entre dos ríos
Clasificados28/04/2026En la Isla 132 de Neuquén, a la vera del río Limay, cada febrero se arma la Fiesta Nacional de la Confluencia. Este año fue su 13ª edición y tuvo 19 artistas en el escenario principal. Trueno, No Te Va Gustar, Luciano Pereyra y Luck-Ra, fueron algunos de los que dijeron presente en el escenario.
Cuatro noches, cuatro escenarios activos en simultáneo y un predio que funcionó desde las 18 hasta la madrugada con gastronomía, ferias artesanales, escalada y tirolesa. Si tenés ganas de conocer la ciudad anfitriona, consultá acá opciones de pasajes a Neuquén para organizar la escapada con tiempo.
Neuquén capital es solo la puerta de entrada a la Patagonia de lagos y montañas. Pero también tiene su propia vida, sus propios ríos, y una historia que empieza con una leyenda mapuche.
La leyenda dice que Limay y Neuquén eran hijos de dos caciques y amigos inseparables. Pero la historia los puso a prueba cuando los dos se enamoraron de la joven Raihué —"flor nueva" en mapuche. El chamán propuso una prueba. El primero en traerle una caracola de mar ganaría su amor.
Entonces, los dioses los convirtieron en ríos para facilitar la búsqueda. Limay corrió por el sur, entre valles y montañas. Neuquén fue por el norte, bordeando bosques de arrayanes. Pero el Viento, celoso porque Raihué no lo miraba, le susurró que los dos jóvenes jamás volverían. Raihué, destrozada, ofreció su vida a Nguenechen, el padre de la tierra, a cambio de la de ellos.
Nguenechen la la convirtió en un arbusto de flores rojas, perdido entre la vegetación patagónica. Cuando la noticia llegó a Limay y Neuquén, se juntaron en un abrazo que no se soltó más. Ahí nació el río Negro, que según la leyenda corre de luto hasta el mar buscando a Raihué.
Ese punto exacto donde los ríos se encuentran es hoy la Península Hirok. La Isla 132, sede de la fiesta, queda justo ahí, en esa herradura de agua donde la leyenda sitúa el abrazo. No es casual que la fiesta se llame como se llama.
Lo que cambió en los últimos años es que la ciudad entera giró hacia sus ríos. El Paseo Costero del Limay pasó de tener un kilómetro y medio a extenderse por 14 kilómetros, desde el balneario Valentina Brun de Duclot (en el límite con Plottier) hasta la confluencia con el río Neuquén.
Con los tramos sobre el río Neuquén, el recorrido total supera los 20 kilómetros de bicisendas, miradores, estaciones saludables y parquización. El Parque Agreste, cerca del tercer puente, sumó senderos entre sauces llorones, olivillos y enredaderas silvestres. Todo eso era terreno cerrado, inaccesible, de espaldas al agua.
Neuquén fue fundada en 1904 por el gobernador Carlos Bouquet Roldán, que trasladó la capital desde Chos Malal hasta un caserío llamado Confluencia. Las oficinas del gobierno llegaron desarmadas en seis vagones de tren: un edificio de madera comprado en Buenos Aires, conocido como el Château Gris. La ciudad tardó más de un siglo en mirar hacia los ríos que le dieron nombre.
La Fiesta de la Confluencia es, en cierto sentido, la celebración de ese giro. Empezó en 2013 como un festival local y hoy atrae visitantes del Alto Valle rionegrino, del interior de la provincia y de Chile. Hoteles completos, gastronomía al límite, transporte municipal gratuito punto a punto desde Corrientes y Mitre hasta la Isla. El acceso es gratis, con opción de pase preferencial. Todo eso la ubica como uno de los festivales gratuitos más grandes del país.













