“La Suiza agrícola”: países compradores de alimentos apuntan su mirada a la Argentina

Actualidad Por Ciara-CEC
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La invasión de Rusia a Ucrania ya se extendió por casi cuatro meses y nada hace prever que en el corto o mediano plazo finalice, ya que los eventos dan cuenta de la posibilidad cierta de una profundización del conflicto. Lo cierto es que ambos países son dos potencias agroexportadoras que generó un severo cimbronazo en los mercados internacionales de commodities y alimentos que gana fuerza a medida que pasan los días y que deriva en un reacomodamiento y reposicionamiento de los países exportadores de estos productos, lo que deviene en oportunidades para Argentina.

Es por eso que el presidente de la Cámara de la Industria Aceitera y del Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC), Gustavo Idígoras, consideró que Argentina se convirtió en una suerte de “Suiza agrícola” a los ojos del mundo, al considerar que nuestro país ganó un protagonismo muy importante a nivel global como proveedor de alimentos y granos ante un contexto donde la oferta mermó de manera considerable ante la salida del mercado de Rusia y Ucrania.

Durante su disertación en un webinar organizado por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA) y la Red Grupo de Países Productores del Sur (GPS) en la cual se analizó el impacto en los mercados agroindustriales la invasión rusa a Ucrania, sostuvo que “hay una alta demanda insatisfecha que no era prevista bajo ninguna circunstancia, porque la globalización que estamos viviendo hace varias décadas en el mercado de commodities no admite guerras ni pandemias ni la posibilidad de que haya oferentes que desaparezcan”.

Según el dirigente empresario, existe una fuerte concentración de abastecedores de granos y alimentos resumidos en pocos países, mientras que, al mismo tiempo, hay una “masificación” de compradores. Para Idígoras, la cuestión es que la guerra produjo que “desaparecieran dos vendedores que tienen plazos para volver al mercado bastante más alejados de lo que podíamos suponer. Vemos que esta situación se va a extender y que las condiciones de deterioro de producción, exportación y logística de Ucrania durará muchos años más allá de la firma de un tratado de paz”.

A esto se suma la incertidumbre de los compradores respecto a la estabilidad de los oferentes de alimentos y productos agroindustriales, sembrando una “gran duda” en los países del Mar Negro, como lo son Rusia y Ucrania, que en conjunto representan el 30% de las exportaciones de trigo a nivel mundial y el 80% en lo que se refiere al aceite de girasol. Esa “duda” se traduce en que los compradores “miran a la Argentina con mucho más interés”.

 Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara Argentina de la Industria Aceitera
“Hoy volvemos a ser una estrella del comercio internacional, no por nuestras virtudes, sino por el conflicto bélico. Argentina hoy parece una ‘Suiza agrícola’: nos ven como un país creíble, confiable, con productores inteligentes capaces de seguir creciendo, con exportadores dispuestos a vender a 100 mercados. De hecho hemos abastecido destinos con escasez África, Medio Oriente y Europa”, indicó Idígoras.

Además, durante su exposición contó que la semana pasada habló con autoridades egipcias responsables de la importación de trigo en la cual preguntaron por garantías de que Argentina pueda exportar en las condiciones que necesita el país africano para el año que viene. “Este tipo de conversaciones no son ahora excepcionales, sino que se están transformando en una rutina, porque el mundo está viviendo una situación de inestabilidad y volatilidad por la desaparición de abastecedores”, sostuvo el titular de la cámara empresaria.

En este sentido, el titular de los exportadores de granos y aceites resumió que “Argentina tiene oportunidades excepcionales, no solamente en el crecimiento propio sino en inversiones y en fuentes de financiamiento. Pero esto no va a durar mucho, porque la firma del tratado de paz va a implicar un triple Plan Marshall hacia Ucrania, con acceso preferencial de todos los productos ucranianos al mercado europeo o norteamericano. Por lo tanto, lo que haga Argentina si no se hace ahora, va a ser muy difícil que nos presten atención en todos los temas que son importantes para nosotros”.

Políticas

Para Idígoras, el conflicto no solo se reduce a aprovechar los precios internacionales, sino también despliega o puede desplegar una serie de políticas por parte de los países exportadores, pero también importadores, siguiendo diferentes intereses, pero también para hacer frente a los efectos adversos de la guerra. Lo cierto es que el empresario sostiene que “ningún político quiere perder la próxima elección y por lo tanto están pensando en sus gabinetes qué medidas tomar en un contexto inflacionario que ya venía provocado por la expansión monetaria de los países en la salida de la pandemia, pero que se exacerbó a un nivel imprevisto con la guerra”.

El dirigente entiende que esta es una oportunidad para que Argentina impulse ciertas políticas para que los países importadores la asuman como propias, como por ejemplo las relacionadas a la inocuidad alimentaria, en la cual algunos países no admiten o solo permiten hasta ciertos niveles de presencia de fitosanitarios en los productos. “Esto se estancó y al mismo momento que estalló la primera bomba en Ucrania empezó una revisión de la inocuidad y empezaron a decir que ‘habían exagerado un poco y que tal vez sería oportunidad revisar la tolerancia a la suba porque no es un riesgo para la salud pública’”, sostuvo.

 Tanto Rusia como Ucrania son destacados protagonistas del mercado mundial de trigo.
Esto también cabe a la biotecnología, ya que “la mitad del mundo la adoptamos, pero la otra parte la miró siempre como un monstruo. Hay varios que tenían esa visión y que empezaron a decir que no es tan mala. No solo hay que trabajar la aprobación, sino también el umbral de tolerancia. Eso debería ser una política para 2022/23 para todos los países importadores”, como así también la necesidad de que bajen los derechos de importación y se generen acuerdos entre países para agilizar y permitir la comercialización sin barreras de determinados productos.

Por el lado de los exportadores “tampoco está la intención perder una elección por parte de los gobiernos, y ahí hay medidas de todo tipo. Hay algunos que se preguntan cuánto crédito blando más tienen que tener los productores para producir y aprovechar esta oportunidad, otros hablan de eliminar derechos de importación a insumos críticos, como los fertilizantes, maquinaria agrícola para dinamizar el sector o adoptan estrategias exportadoras a través de misiones comerciales”.

Y agregó: “También está la opción B: restricción de exportaciones por su efectos en el mercado interno y allí puede haber variables, como prohibir la exportación, como ocurrió en India con el trigo, o también restricciones cuantitativas, o sea, establecer cuota, el volumen autorizado para exportar o el saldo de exportación, que acá se llama volumen de equilibrio”.

Para Idígoras, esta contradicción en las políticas a aplicar por parte de los países conlleva a obtener “el efecto no buscado, que es mayor suba de precios, mayor inestabilidad de mercado y por lo tanto, una segunda ola de políticas restrictivas. Esa situación veo que se puede dar en el año 2023, que va a ser muy caliente. Un típico año argentino, pero no están acostumbrados a vivir como nosotros”.

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