Efecto Messi: Cuando el vino argentino rompe reglas y redefine la góndola

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15-01-2026
Una frase casual puede convertirse en un fenómeno cultural. En Argentina, donde el fútbol y el vino ocupan un lugar privilegiado en la identidad colectiva, bastaron pocos segundos de una entrevista informal para generar un impacto que trascendió las redes sociales y llegó, de manera concreta, a las góndolas de los supermercados. El llamado “Efecto Messi” volvió a demostrar el poder simbólico del capitán de la Selección, esta vez sobre los hábitos de consumo y las estrategias comerciales.

Lo que comenzó como una respuesta espontánea en una charla distendida se transformó rápidamente en tendencia, meme, acción de marketing y debate cultural. Lionel Messi, sin pretensiones publicitarias explícitas, volvió a marcar agenda, esta vez en el universo del vino y las bebidas sin alcohol.

Una declaración simple con alto impacto simbólico
Durante una entrevista en un canal de streaming de amplio alcance, Messi fue consultado sobre qué elegía beber en sus momentos de relax. La respuesta fue directa, descontracturada y fiel a su estilo: mencionó su preferencia por el vino y, en ocasiones, la combinación con gaseosa. Sin discursos elaborados ni intención de sentar cátedra, el capitán expresó algo que muchos argentinos practican desde hace décadas.

Sin embargo, cuando esa costumbre es verbalizada por una figura con el nivel de influencia global de Messi, el mensaje adquiere otra dimensión. En cuestión de minutos, el fragmento de la entrevista se viralizó, fue replicado en redes sociales, comentado en programas de radio y televisión, y reinterpretado por distintos sectores de la industria de bebidas.

Del comentario viral a la acción comercial
El impacto no quedó limitado al plano digital. En Mendoza, una de las principales provincias vitivinícolas del país, una cadena de supermercados decidió trasladar la conversación a un espacio físico clave: la góndola. Botellas de vino y gaseosas compartiendo el mismo estante se convirtieron en una referencia directa —y fácilmente reconocible— a los dichos del astro argentino.

La decisión no fue casual. En un contexto donde la experiencia de compra gana cada vez más peso, las góndolas dejaron de ser simples espacios de exhibición para transformarse en herramientas narrativas. La disposición conjunta de productos tradicionalmente separados funcionó como un guiño cultural, apelando al humor, la cercanía y la identificación con una figura transversal a todas las generaciones.

Clientes y consumidores no tardaron en registrar la escena y compartirla en redes sociales, amplificando aún más el alcance de la acción sin necesidad de grandes inversiones publicitarias.

Marketing espontáneo y lectura rápida del contexto
El “Efecto Messi” también puso en evidencia la rapidez con la que algunas marcas y comercios logran capitalizar fenómenos culturales emergentes. En Buenos Aires, una cadena de comercios minoristas lanzó promociones especiales que combinaban vino y gaseosa, con una estética inspirada en símbolos asociados al capitán argentino.

Estas acciones no solo buscaron aprovechar la viralidad del momento, sino también conectar con una forma de consumo más relajada y descontracturada, alejada de los discursos rígidos o elitistas que durante años rodearon al vino.

La clave estuvo en interpretar el mensaje subyacente: el vino como una bebida cotidiana, flexible, adaptable a distintos momentos y preferencias personales.

El vino frente a sus propios mitos
Durante décadas, el consumo de vino estuvo atravesado por normas implícitas: copas específicas, temperaturas exactas, maridajes estrictos y cierta solemnidad en torno al ritual. Si bien estos elementos siguen siendo valorados en contextos formales, también generaron barreras para nuevos consumidores, especialmente entre los más jóvenes.

La frase de Messi, lejos de ser un manifiesto, funcionó como un gesto de desmitificación. Reforzó una idea que desde hace tiempo circula en el sector vitivinícola: el vino no necesita reglas inamovibles para ser disfrutado. Puede adaptarse al gusto personal, al clima, al momento y al entorno social.

Referentes del mundo del vino aprovecharon la ocasión para reforzar este mensaje, destacando que la bebida no pierde identidad ni calidad por ser consumida de manera más informal. Por el contrario, esa flexibilidad puede ser una puerta de entrada para nuevos públicos.

Verano, consumo y cambios de hábito
El contexto temporal también jugó a favor del fenómeno. En pleno verano, con altas temperaturas y un consumo orientado a bebidas frescas, la combinación de vino con gaseosa reaparece como una alternativa ligera y refrescante. Lejos de ser una novedad, esta práctica forma parte del acervo popular argentino desde hace generaciones.

Sin embargo, el aval simbólico de una figura como Messi ayudó a resignificarla, quitándole cualquier connotación peyorativa y colocándola nuevamente en el centro de la escena. Para el mercado, esto representa una oportunidad: ampliar ocasiones de consumo, diversificar formatos y romper con estacionalidades rígidas.

El fenómeno también tuvo repercusiones en el mundo corporativo. Algunas marcas de bebidas no tardaron en sumarse a la conversación desde sus canales digitales, reinterpretando el mensaje con humor y creatividad. Sin necesidad de contratos ni campañas tradicionales, lograron visibilidad a partir de un acontecimiento genuino y orgánico.

Este tipo de impacto, difícil de planificar pero altamente efectivo, refuerza el valor de la autenticidad en la comunicación. Cuando el mensaje surge de manera natural y conecta con prácticas reales de consumo, la respuesta del público suele ser más positiva y duradera.

Messi como generador de tendencias culturales
No es la primera vez que Lionel Messi influye en hábitos que exceden lo deportivo. Su figura trasciende camisetas y estadios para instalar modos de ser, consumir y relacionarse. En este caso, lo hizo sin intención explícita, simplemente siendo coherente con su estilo personal.

El “Efecto Messi” aplicado al vino demuestra cómo una figura pública puede actuar como catalizador de conversaciones pendientes. Más que imponer una moda, habilitó un debate sobre cómo se consume, se comunica y se piensa el vino en Argentina.

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Para la industria del vino, este episodio abre una ventana interesante. Permite reforzar mensajes de cercanía, romper con prejuicios y dialogar con consumidores que quizás se sentían ajenos a un universo percibido como complejo o inaccesible.

El desafío estará en sostener esa apertura sin perder identidad, combinando tradición e innovación, calidad y flexibilidad. En un mercado cada vez más competitivo, entender los códigos culturales y aprovechar momentos de alta visibilidad puede marcar la diferencia.

Cuando la góndola refleja la cultura
Que el vino comparta espacio con la gaseosa en una góndola mendocina no es un hecho menor. Es una postal que resume un cambio de época, donde el consumo se vuelve más libre, menos dogmático y más alineado con la vida cotidiana.

El “Efecto Messi” no creó una costumbre nueva, pero sí la legitimó ante millones. Y en un país donde el vino es parte de la identidad nacional, ese gesto tiene un peso simbólico que va mucho más allá de una entrevista viral.

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